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“Hacia la Descolonización de las Ciencia Social Latinoamericana. Cuatro ensayos metodológicos y epistemológicos” – Juan José Bautista Segales

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Portada “Hacia la descolonización de la ciencia social en Latinoamérica”. Rincón Ediciones, 2012, 237p.

En la actualidad, vivimos en un proceso de cuestionamiento epistemológico, que permea en los diversos terrenos de la ciencia, tanto en su construcción como en los paradigmas científicos que han sido el motor de empuje para llegar al conocimiento a lo largo de la historia. Desde ahí, es que durante la segunda mitad del siglo XX, aparece un nuevo modo de pensar la historia y la ciencia, desde una nueva realidad latinoamericana que la circunscribe, y ante todo, problematizando desde esta misma perspectiva el alcance de la modernidad en nuestro continente[1]. Diversos autores han sentado las bases de esta  forma de pensar, tales como Enrique Dussel, Walter Mignolo, Aníbal Quijano, Silvia Rivera Cusicanqui, Ramón Grosfoguel, Franz Hinkelammert, entre otros.  No obstante, a raíz de los nuevos procesos históricos tales como la crisis del  modelo capitalista, el surgimiento de nuevos movimientos indigenistas, el ascenso de liderazgos en el continente, las crisis institucionales latinoamericanas,  han dado pie para el surgimiento de pensadores bajo el alero del pensamiento decolonial. Uno de ellos es Juan José Bautista Segales, filósofo boliviano, Doctor en Filosofía en la Universidad Nacional de México y discípulo de Dussel y Hinkelammert.

Este pensador se posiciona como uno de los filósofos latinoamericanos más innovadores que ha realizado diversos aportes en torno al debate sobre el pensamiento decolonial, analizando la realidad boliviana y latinoamericana. Su obra –en constante expansión-  demuestra sus influencias formativas aplicadas a la realidad actual, construyendo un análisis profundo sobre la  situación de nuestro continente dentro del contexto mundial. Por otro lado, apunta hacia nuevos caminos del pensamiento rescatando los saberes de los pueblos originarios.

Una de sus obras recientes titulada “Hacia la Descolonización de las Ciencia Social Latinoamericana” publicada en el año 2012, compila cuatro ensayos elaborados por el mismo autor en la cual analiza las raíces epistemológicas de la modernidad, como también propuestas metodológicas en torno a la problemática de la invisibilización de los saberes de los pueblos originarios. Por último proyecta una nueva era post-colonial e incluso post-occidental en la cual los movimientos populares tomarán protegonismo en su lucha no sólo contra el capital, sino que también contra la modernidad.

La obra se compone primeramente en un prólogo escrito por Yamandú Acosta, seguido por una introducción que contextualiza la raíz del problema, como también su hipótesis en la cual se desprenden estos escritos. Posteriormente se explicitan los cuatro ensayos elaborados por el autor en donde analiza en profundidad cada uno de los temas propuestos. El primero de ellos titulado “De la dialéctica moderna del desarrollo desigual, hacia una dialéctica trascendental del desarrollo de la vida humana y la naturaleza”, seguida por “De la racionalidad moderna a la racionalidad de la vida”. Esta obra continua con  “Reflexiones para una lógica de la liberación, de la dialéctica moderna hacia una racionalidad ético-crítica de la vida”. Por último “Colonialidad del poder, racialización eurocéntrica y clasificación social”.

El autor comienza planteado el contexto de la problemática transversal, la  interpretación de nuestra realidad americana  a través de conceptos ajenos, principalmente occidentales y modernos. Todas las categorías por el cual analizamos y elaboramos respuestas a lo que nos circunscribe está sujeto a conceptos que son externos, anacrónicos y no logran comprender los procesos históricos, políticos y sociales del continente.  Ahora bien, ¿En qué medida afecta esta problemática a la realidad de latinoamericana?, el autor relaciona esta disyuntiva en la producción de conocimiento en América Latina, sin embargo la gravedad de ello radica en que  “los conocimientos producidos en el ámbito de la ciencia social, se diseñan, programan y desarrollan proyectos políticos, económicos, pedagógicos, culturales, etc., que de alguna manera transforman nuestra realidad para bien o para mal” (Bautista, 2012, p. 47)

Pues bien, queda clara la necesidad de elaborar nuevos conceptos para una nueva interpretación de la realidad, no obstante, este no es ni será un camino fácil, ya que se necesita deconstruir un modo de pensar que se asume como propio o per se. Entonces, dada la complejidad de este proceso cabe preguntar ¿desde dónde comenzar para generar una nueva interpretación de nuestra realidad? Es autor sostiene que se debe rescatar realidades negadas desde al menos 500 años, esto quiere decir, volver hacia la búsqueda de antiguos saberes que no había sido tomados en cuenta por la modernidad.

En el primer ensayo titulado “De la dialéctica moderna del desarrollo desigual, hacia una dialéctica trascendental del desarrollo de la vida humana y la naturaleza”, comienza con un análisis del estado del capitalismo en América Latina. Bautista postula que este modelo económico, arraigado históricamente y que ha establecido un papel periférico de nuestro continente comienza a evidenciar fracturas en su estructura y legitimidad. Particularmente, esta crisis del capitalismo evidencia otros aspectos que va más allá del cuestionamiento tradicional que se le ha dado, “esta crisis del capitalismo no es cíclica, está empezando a mostrar que los presupuestos con los que la modernidad y el capitalismo surgieron y se constituyeron no eran ni son como prometían ser” (Bautista, 2012, p.53).

Entonces, en este escenario, se vislumbra una real alternativa de interpretación y concepción de vida que está fuera de la del sustento moderno/capitalista. Esta nueva racionalidad vuelve al tapete en estos nuevos tiempos.

Dentro de esta discusión, surge lo que el autor en un principio denomina como una nueva concepción de vida, esta nace dentro de la filosofía de vida de los pueblos originarios, esta se denomina “Suma Qamaña[2], el autor elabora una definición en el siguiente párrafo.

“Nos referimos en concreto a la idea de Suma Qamaña que se podría traducir mejor como ´´vivamos bien´´ (la cual no es una afirmación de carácter impersonal, sino que se dirige a todos nosotros, y que en nuestra opinión ha sido malamente traducido como ´´vivir bien´´) en comunidad entre nosotros, con relaciones de respeto, responsabilidad y solidaridad entre nosotros y entre nosotros y la naturaleza”

El autor contrapone esta idea con el concepto de desarrollo y progreso, que ha sido el motor por el cual los gobiernos se han aferrado a lo largo de la historia y en la actualidad. Bautista además apunta a que el gobierno actual boliviano, pese a tener un origen indigenista y reivindicativo, mantiene esta idea de desarrollo (de origen moderno occidental) y que trae como consecuencia conflictos ambientales y severas contradicciones en su ejercicio del poder.

En este mismo aspecto, como se aprecia esta contradicción en la cual el autor pone en relieve dentro de la realidad boliviana. Para el, a pesar de la naturaleza indigenista del movimiento político que está en el poder en el país, ha recurrido a generar proyectos de explotación de los recursos naturales para resolver las demandas populares. Bautista considera que no es más que la continuación de un modelo de desarrollo extractivista, y que mantiene el carácter periférico de la economía boliviana, valida la carácter desigual del capitalismo nacionalista.

Es frente a ello, que el autor considera que el concepto de Suma Qamaña no es solo una opción de vida, sino también se vuelve imperativo frente a los procesos presentes y futuros que se vienen.

Ahora bien, el autor realiza un alcance respecto a este mismo concepto, problematiza  que a pesar de la trascendencia en retomar la idea de Suma Qamaña, clarifica que no está exenta de problemas. Primeramente se trata de desprender esta misma de su romanticismo y lejanía por el cual se entiende actualmente. Es clara la intencionalidad y pertinencia para el contexto de nuestra realidad, pero la situación difícil en el cual se puedan dar las condiciones de aplicación aún es dificultosa, por la sencilla razón de que la humanidad entiende que el desarrollo moderno es el único camino de bienestar.

Por otro lado, en este mismo ensayo, el autor considera que sistema capitalismo como productor no solamente de riqueza, sino que también de desigualdad y explotación de los recursos naturales y del trabajo humano. En un principio, considera que el desarrollo moderno no ha avanzado solamente con las innovaciones, sino que también con la explotación de recursos de forma indiscriminada. Además, en Latinoamérica el capitalismo condenó a la desigualdad histórica de nuestros países.  El autor agrega que esta forma de desarrollo es esencialmente irracional, por no dar cuenta de las graves consecuencias que ha tenido durante los largos siglos.

Desde lo anterior, afirma que se ha producido una dialéctica de la desigualdad en que dos realidades chocan, pero que están muy relacionadas entre sí. El Primer Mundo y la periferia es una consecuencia del proceso capitalista mundial, dado la necesidad de materias primas de los países desarrollado como la abundancia que tiene de estos en la periferia.

Retomando la idea inicial, el autor atiende al peligro de entender que el progreso y el desarrollo sean los únicos caminos para llegar al bienestar individual y colectivo, como también en no caer en otros movimientos que solamente transitan de una forma de dominación a otra.  Un ejemplo de lo anterior lo explicita con claridad  en relación a los movimientos cocaleros. Este proceso de carácter indigenista, para el autor no es más que un fenómeno moderno, dado que sus integrantes reniegan de los que son. Esto se aprecia en los últimos años, en donde han logrado reconocimiento, sus proyectos han tomado empuje, pero a su vez desconocen sus ancestros y otras formas de desarrollo, y en consecuencia se consideran y aspiran ser considerados como sujetos modernos.

El segundo ensayo se  titula “De la racionalidad moderna a la racionalidad de la vida”, en ella el autor vislumbra el camino de la modernidad para convertirse en el paradigma mundial. Bautista elabora una reflexión crítica a partir de los postulados de Marx y Hinkelammert, desde ambos interlocutores elabora su planteamiento.

Primeramente, según el autor, la modernidad estableció a otras culturas, ya sean anteriores o contemporáneas como pre-modernas. En término simples, categoriza a otras realidades desde la concepción del atraso y el primitivismo.  Junto con lo anterior, cita a Hinkerlammert para asegurar que el capitalismo impone a la realidad algo que previamente no existía en ella, para afirmar luego que la realidad “es así”, que ha sido siempre así y que en el futuro siempre lo será (Bautista, 2009).

Esta interpretación del mundo la cual el capitalismo impone, enajena a los elementos que rodean al ser humano y los transforma en mercancía, es decir en algo transable y especulable. Ahora bien, este proceso no es meramente económico, esta dinámica conlleva otras interpretaciones que autor pone en discusión, una de ellas es la subjetividad del sujeto, que además este mismo capitalismo produce un nuevo modelo de sociedad.

No obstante, el autor menciona que hasta hace algunas décadas no existía una nueva realidad más allá de la moderna, sin embargo, considera que existen otras culturas transmodernas. Al mencionar este último concepto, profundiza en sus dimensiones, explicando que estas no “nacieron con la modernidad, sino mucho antes que ella, atravesaron toda la modernidad como dominadas, negadas, sometidas y subyugadas, pero sin haber sido destruidas del todo por esta modernidad occidental” (Bautista, 2012, p. 116), desde lo anterior cabe preguntarse ¿quiénes son estas comunidades transmodernas?, el autor cataloga a los pueblos amerindios como ejemplos de  esta última idea..

En este ensayo, junto con vislumbrar las dimensiones en la cual el capitalismo interpreta la realidad y la transforma, desliza una crítica hacia los movimientos marxistas, una de estas apunta a la lectura esencialmente economicista de El Capital, también  en que estos movimientos asumieron que la modernidad es un estadio superior a las mitologías y religiones, en síntesis, solo se preocuparon por analizar la modernidad en sus dimensiones, creando otra realidad pero con la misma raíz moderna, es aquí en donde el autor menciona a los socialismo reales.

Por otro lado, Bautista realiza una relación entre lo anterior y las comunidades andinas-amazónicas. En primer lugar, proyecta que estas están al margen de este análisis abstracto, siguen un modelo distinto a las alternativas que la modernidad ha dado (capitalismo y socialismo), incluso va más allá y hace hincapié en la concepción del tiempo en que la modernidad ha implantado, bajo el alero de la noción lineal de progreso.

Entonces, las comunidades originarias además de poseer su propia concepción de naturaleza, también construyeron su visión sobre el tiempo. Este se explica mediante el tiempo del retorno, rescatando el sentido del equilibrio entre el ser humano y la naturaleza que lo rodea. Para el autor, surge la necesidad de romper con la linealidad del tiempo  moderno, para así  comezar a acabar con el modelo de desarrollo que ha traído nefastas consecuencias para la humanidad.

En el tercer ensayo denominado “Reflexiones para una lógica de la liberación, de la dialéctica moderna hacia una racionalidad ético-crítica de la vida”, el autor continúa con su análisis de la modernidad y la proyección de una alternativa desde los pueblos oprimidos. Como tesis general plantea la necesidad de transitar desde una racionalidad moderna hacia otro tipo de racionalidad que tome elementos propios de los pueblos. Como primer paso para comenzar este proyecto alternativo, consiste en tomar autoconciencia de nuestro tiempo histórico, es decir, una nueva temporalidad.

Ahora bien ¿cómo desprenderse de esta lógica moderna? ¿Cómo producir conocimiento desde otra racionalidad? El autor presenta algunas luces respecto a una  nueva construcción del logos.

El autor problematiza en torno a la filosofía de Hegel, concluyendo que esta tuvo su utilidad dentro de su contexto histórico alemán y europeo. Rescata las  motivaciones de  este filósofo al cuestionar el contexto de su época. Pues bien, Bautista declara la pertinencia de hacer esta misma pregunta, pero desde la idea de si es posible generar otro tipo de filosofía pertinente a nuestra época, desmarcada del proyecto de modernidad.

Vale aclarar entonces, ¿Bajo qué presupuesto debe comenzar la respuesta a esta interrogante crucial?, el autor sostiene reinterpretar el conocimiento de la naturaleza, ya no como objeto sino como parte elemental de la construcción humana, además propone tomar la concepción de naturaleza desde los pueblos andinos.

En conjunto con lo anterior, el autor sostiene la liberación de la lógica. Partiendo por construir otra concepción del logos, es de suma importancia comenzar a deducir de otra forma nuestro modo de pensar, como también del autoconocimiento. A raíz de este último concepto, Bautista señala que surge la necesidad de realizar este ejercicio de autoconocimiento, pero no desde la óptica individual, sino desde el autoconocimiento como proyecto colectivo, en síntesis es deber transitar desde el ¿quién soy? a ¿Quiénes somos?

En el cuarto y último ensayo, titulado “Colonialidad del poder, racialización eurocéntrica y clasificación social”. Para la construcción de este escrito, el autor realiza un ejercicio dialógico con el pensamiento de Aníbal Quijano. El autor comienza explicando la hipótesis de trabajo, consistente  en la siguiente idea.

“cuando un país como el nuestro (Bolivia), no solo de tercer mundo, sino atrasado, dependiente y subdesarrollado, opta para salir de ese estado, seguir el mismo modelo de desarrollo de los países del primer mundo (quienes han sido la causa de nuestro subdesarrollo y atraso), tiene que hacer a la larga lo mismo que han hecho esos países con los nuestros y que siempre hemos criticado: dominar y explotar el trabajo humano y a la naturaleza. (p.190)

Los fundamentos por el cual el autor sostiene esta idea, es a través de la perspectiva histórica. Bautista considera que se ha internalizado una imagen mistificada de la cultura europea, como ícono de cultura universal; y en consecuencia se ha transformado en una aspiración para los países del tercer mundo, incluido los latinomericanos.

En consonancia con lo anterior, es que el autor toma la idea de Raza[3] desarrollada por Quijano, en la cual específica el carácter jerárquico del mismo, clasifico a los seres humanos entre inferiores y superiores. Es desde esta mirada en la cual el capitalismo justifico su aparato imperialista y conquistador.

A modo de conclusión, las ideas planteadas por el autor dejan entrever la necesidad de un nuevo repensar del modo en el cual se intenta rescatar elementos y saberes de los pueblos originarios. Su crítica a la modernidad/capitalismo y como se ha instalado en los quinientos años, demuestra su convicción por comenzar a transitar por un camino propio, romper con el paternalismo epistemológico en el cual se ha producido conocimiento.

Su propuesta para el cambio filosófico se construye bajo nueva categorizaciones, como también desde conceptos extraídos desde la realidad boliviana y latinoamericana, ejemplificado en el concepto de “Suma Qamaña”, como también en el llamado a rescatar los saberes de los pueblos andinos, específicamente en el nuevo entendimiento de la naturaleza como “madre”.

Juan Bautista realiza una interesante lectura de la realidad política, económica y social de Latinoamérica, en específico de Bolivia, haciendo una conexión entre la coyuntura actual y la historia filosófica de nuestro continente, principalmente desentramando el modo en que se construye conocimiento, amparado por la idea de modernidad y en que el capitalismo ha sido una de expresiones tangibles.

Por último, es preciso señalar que a pesar de la pertinencia y validez de la propuesta del autor, es realmente dificultoso desembarazarse de la modernidad, entendiendo que esta misma está internalizada en nuestra realidad, como también surge el peligro de que este giro decolonizador quede encerrada en los círculos intelectuales y académicos, a fin de cuentas sería solamente un cambio desde arriba que poco y nada tendría de utilidad para los procesos sociales en el cual se encuentran nuestros pueblos.


[1] Dussel sostiene que este nuevo movimiento surge durante los años 60 con el concepto de Teoría de la Dependencia, los planteamientos de Levinas en la obra Totalidad e Infinito y los movimientos populares estudiantiles de 1968.

[2]  Xavier Albó desarrolla en su artículo titulado “Suma qamaña = convivir bien. ¿Cómo medirlo?” este concepto, como también lo problematiza en su transfondo. Disponible en www.plataformabuenvivir.com/wp-content/uploads/…/AlboSumaQamanaMedirlo.pdf

[3] Anibal Quijano considera que la formación de relaciones sociales fundadas en dicha idea, produjo en América identidades sociales históricamente nuevas: indios, negros y mestizos y redefinió otras. Así términos como español y portugués, más tarde europeo, que hasta entonces indicaban solamente procedencia geográfica o país de origen, desde entonces cobraron también, en referencia a las nuevas identidades, una connotación racial.

Referencias

  • Dussel, E. 2005. Transmodernidad e Interculturalidad (Interpretación desde la Filosofía de la Liberación), Ciudad de México. Disponible en enriquedussel.com/txt/TRANSMODERNIDAD%20e%20interculturalidad.pdf

 


width="70"Autor: Alfredo Araya Arancibia
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