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La Escuela Unidocente de Imperial Alto está más viva que nunca.

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El día sábado recién pasado los integrantes de Revista Marañón participaron en el hermoseamiento de la escuela unidocente Ignacio Franco Gallo, de la localidad de Imperial Alto, allí los estudiantes de ese establecimiento, sus apoderados, familiares, amigos y miembros de la comunidad, así como quienes trabajan en la escuela, acometieron alegre y comprometidamente la labor de pintar el interior de su sala de clases, habilitar lo que será próximamente su huerta de plantas medicinales y agricultura orgánica, así como colorearon el contorno de la escuela con hermosos murales alusivos a la historia e identidad local de Imperial Alto, La Puerta al Interior.

En Huasco, Freirina y Vallenar se dice “voy al interior” al referirse al viaje que se hace a la comuna de Alto del Carmen, adentrarse desde la ciudad de Vallenar hacia la cordillera es ir al interior, a la cuna, al origen, al corazón del valle, al interior del ser que se desprendió desde las alturas, en la forma de un río milenario, que horadó el desierto hasta formar un valle, la puerta hacia ese interior es Imperial Alto, que si bien se encuentra en la comuna de Vallenar, es un vórtice hacia la ruralidad actual, esa que se esconde bajo antenas de DirecTv y niños con cortes de pelo a lo Arturo Vidal, esa ruralidad subrepticia, que las carreteras de alta velocidad no permiten ver, entre Justin Bieber y la Banda Tropikal, donde niñas color camanchaca y niños color tierra intentan vivir sus vidas entre ajíes y porotos verdes, entre acequias y lagartos multicolores.

Durante la Patria Vieja José Miguel Carrera mandó crear la primera escuela del valle, en Vallenar, donde hoy está el correo, la calle misma pasó a llamarse “Calle Escuela”, hoy José Joaquín Vallejos; se entendía que el crecimiento de la ciudad ameritaba la creación de una escuela, ya el mineral de agua Amarga estaba en funcionamiento, las producciones agrícolas era significativas, la ciudad fundada apenas tres décadas antes, pedía una escuela para su población en crecimiento. Del mismo modo las demás localidades pobladas, agrícolas y mineras, de todo el valle empezaron a pedir la instalación de escuelas, como forma de asegurar la educación de sus hijas e hijos y asegurar, de paso, la pervivencia de la propia localidad con la creación de una institución educativa que produjera y reprodujera alumnos educados en el propio terruño, las localidades celebraban con júbilo la creación o ampliación de una escuela, era una petición tan necesaria como la instalación de una posta o de un templo religioso. La llegada de un maestro normalista y la apertura de una escuela era celebrada como un logro de la comunidad organizada.

Hoy, asistimos al proceso inverso, la actual lógica economicista imperante plantea el cierre de las escuelas rurales, se prefiere concentrar a los alumnos en las escuelas urbanas, masivas y uniformes, apiñarlos para convertirlos en un número anónimo más dentro de las áridas plataformas ministeriales, para así recibir un palmoteo de la sacrosanta OCDE, tenemos los casos actuales de las escuelas de la localidad de Camarones y de Longomilla, cerradas, ya no existen, escuelas que se vienen a sumar a las muchas otras que han desaparecido del mapa educativo, cultural e identitario del valle del Huasco. Se prefiere que un estudiante ingrese a primero básico ya en la ciudad, perdiéndose su arraigo y acervo cultural rural, ni hablar de crear jardines infantiles pre básicos en localidades rurales, no, ahora la lógica es enviar a los estudiantes en furgones a las escuelas urbanas masivas, desde pequeños, antes que puedan crear un imaginario sensible ligado a su hermoso entorno natural y cultural, antes que puedan recordar los cantos de sus abuelas, antes que se enamoren del sonido cantarino del río, en medio del impresionante silencio de la insólita noche estrellada del Huasco, antes de que el eco de las voces indígenas, que aún retumban y rebotan en medio de las quebradas sin nombre, pueda entrar definitivamente en su ser de niñas camanchaca y niños tierra.

Se cierra la escuela y la localidad firma su sentencia de desaparición, esa ha sido la constante en los últimos años, luego de la contra reforma agraria comenzada por Pinochet y profundizada por los gobiernos de las décadas posteriores, la tierra agrícola del Huasco se ha reconcentrado, mucha tierra en pocas manos, muchas manos sin tierra, ha sido su resultado final, así el desierto verde, representado por el monocultivo de los parronales, ha avanzado ante nuestros ojos, despoblando localidades, que no pueden soportar el acoso económico que les plantean estas empresas agrícolas, así, las antiguas familias huasquinas que vivían en su tierra deben venderla para poder tener dinero líquido para gasto corriente, y de paso emplearse como obreros agrícolas a sueldo ruin en los mismos predios que antes fueron suyos, donde, de paso, se presiona al río con extracciones de agua sin regulación razonable, produciendo uvas de exportación de nulo valor agregado, dentro de nuestro modelo de exportación primario, que solo genera y profundiza la pobreza de sus habitantes. De este modo, las comunidades se van desplazando, sin tierra y pronto sin dinero, hacia la ciudad, engrosando y amontonándose en las poblaciones periféricas de Vallenar y Copiapó, imaginando planes para realizar tomas de terrenos, donde poder recrear, en un palmo de tierra sin aptitud agrícola, sin títulos de propiedad ni acceso a agua de riego ni potable, su antigua forma campesina de habitar en el mundo.

Hoy, dimos un paso en sentido contrario, que es el sentido correcto, hoy la escuela de Imperial Alto, con su comunidad, apareció en el paisaje de nuevo, emergió llena de hermosos murales de colores, de vida, como un espejo fiel que refleja su entorno: el río, los guanacos, su flora e historia, donde sus propios estudiantes aportaron con las ideas básicas y bocetos creativos que luego fueron plasmados de manera colectiva: Italo Chávez (profesor), Mitzi Bordones (psicopedagoga) y Javiera Campusano (fonoaudióloga), fueron quienes encabezaron esta iniciativa, junto al incondicional apoyo de muchas y muchos que desinteresadamente y con un profundo sentido de humanidad,  creen y apoyan la educación de estos secos terruños.

La escuela está hoy llena de nuevos planes: Rescate de la historia local, agricultura orgánica de avanzada, educación musical y artística, deportiva, comprensión lectora, etc., son solo algunos de los tópicos que se pondrán en práctica, para asegurar que los estudiantes de esa escuela rural reciban la educación de calidad, personalizada, con énfasis y pertinencia local que se demanda para todos los estudiantes de Chile; aquí, en la escuelita Ignacio Franco Gallo de Imperial Alto, hay 20 niñas y niños que merecen educarse en su entorno, no adelantando su ingreso a la educación urbana masiva y uniforme, no sin antes desarrollar su identidad y amor por su terruño, que desde hoy es también el nuestro.

Link de Interés: https://escuelaimperial.wordpress.com/

               Dedicado a Leyla, Mitzi Bordones, Javiera Campusano, señora Alicia, Chela, Leni, Catalina, tía Nilda, Javiera Briones, Francisca, Maricel, Jacqueline, perrita Zoe y perro Yúmpio , Gatita Siamesa, Italo, Pato Díaz, Pipe Taborga, Vicente, Yuri, Jhonatan, Juan, Taro, Gokú, Viejo Chango, Dieguito, Camilo, Checho  y Franko, por la choreza, la buena onda y el apañe.

Revista Marañón, valle del Huasco, Primavera de 2016

 

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2 Comentarios en La Escuela Unidocente de Imperial Alto está más viva que nunca.

  1. Y el agradecimiento a quienes pintaron la escuela :O

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