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Aproximación a “La Metamorfosis” de Franz Kafka

“Metamorfosis”. Kazuhiko Nakamura

En varias ocasiones aludió Kafka al papel fundamental que desempeña el sueño como elemento configurador de su obra. Así, por ejemplo, definió La condena como el “fantasma de una noche” y El fogonero como el “recuerdo de un sueño”. En uno de sus diálogos con Gustav Janouch, en que su joven amigo e interlocutor se refiere a La metamorfosis (Die Verwandlung, 1916) como “un sueño terrible, una imagen sobrecogedora”, el escritor le responde: “El sueño revela una realidad que es mucho más fuerte que la imaginación. Esto es lo terrible de la vida, lo trágico del arte”.
De “inquietos sueños” se despierta una mañana el viajante de comercio Gregorio Samsa para verse transformado en un monstruoso insecto. Cree seguir soñando, pero la visión de su cuarto y de una serie de objetos familiares empieza a convencerlo de lo contrario. Intenta, no obstante, dormir un poco más y olvidar “todas estas locuras”, pero ahora es su propio cuerpo el que lo convence: dada su nueva configuración física le resulta imposible echarse de lado, posición en la que suele dormir. Y entonces comienza su aterradora pesadilla, narrada por el autor con su objetividad y detallismo habituales, esa minuciosidad descriptiva que, según Walter Benjamín, no es otra cosa que indagación, una forma –elevada por Kafka a la categoría de método creativo- de ir “dislocando la existencia” a base de registrar pequeños signos, indicaciones y síntomas de desplazamiento generadores, a su vez, de angustia y desorientación.
La metamorfosis fue escrita en poco más de dos semanas, entre noviembre y diciembre de 1912, como un paréntesis que el escritor se concedió durante la composición de El desaparecido (o América, título con el cual se la conoce). “La pequeña historia” a que hace referencia en una carta a Felice acabaría convirtiéndose en la más larga y difundida de sus narraciones. La correspondencia con la joven se intensifica singularmente en esos meses de extraordinaria productividad. Kafka necesita a Felice, la necesita como “una seguridad a la distancia, una fuente de energía lo suficientemente lejana como para no perturbar su sensibilidad”, nos dice Canetti. Y añade: “La mujer que le sirviera a tales propósitos no debía hallarse expuesta a la influencia de la familia de él, cuya proximidad hacía sufrir tanto a kafka”.
Estamos ante uno de los motivos esenciales y recurrentes en la producción del genial escritor checo; su rechazo visceral a la institución familiar y, sobre todo, a la figura del pater familias. No en vano quiso agrupar Kafka los relatos El fogonero, La metamorfosis y La condena cuyo enlace secreto vendría a ser el conflicto padre-hijo, tan recreado en la literatura expresionista de su generación, bajo el título común de los hijos (Die Söhne). Si en La condena el padre aparece aislado, en La metamorfosis es secundado por la familia, es decir, la madre y la hermana de Gregorio Samsa. Tras la sorpresa inicial ante la aparición del escarabajo en la puerta de su dormitorio, el padre reacciona violentamente y, silbando y pataleando en forma grotesca, lo obliga a volver a su cuarto sin ninguna consideración. Hacia el final de la segunda parte, cuando Gregorio vuelve a aventurarse fuera de su habitación, es literalmente bombardeado por el señor Samsa que, de aspecto terrible a los ojos del insecto “levantaba los pies hasta una altura inusual, y Gregorio se asombró de lo gigantescas que eran las suelas de sus zapatos”, va arrojando manzanas sobre el infeliz y lo hiere con una de ellas en la espalda. La hermana, compasiva con el escarabajo al principio, acaba por desear también su desaparición, y hasta la madre se resigna a esta idea. La muerte de Gregorio supone una liberación para los tres, y los padres constatan, en el curso de un paseo en tranvía con el que se cierra el relato, que su hija se había convertido entretanto “en una muchacha hermosa y muy desarrollada”, imagen de la vitalidad que sustituye a la de la ruinosa desolación del hijo muerto, como al final de Un artista del hambre una pantera joven y fogosa, cuya “alegría de vivir” era difícilmente soportable para el público, pasa a ocupar la jaula del desaparecido faquir que protagoniza el relato.
Pero en la imagen paterna se ha visto también un símbolo del poder absoluto en cuanto tal, del autoritarismo y la arbitrariedad sin límites basados en una relación jerárquica de dependencia que conlleva la degradación del ser humano. En la metamorfosis, el horrible cuerpo de Gregorio lo expone implacablemente al desprecio y al olvido gradual de su familia, cuyo sostén material había sido él hasta entonces. La humillación, otro de los motivos fundamentales de la obra kafkiana, opera en este caso un proceso irreversible: la familia condena al insecto –Kafka utiliza al principio la palabra sabandija (Ungezierfer), que ha sugerido a más de un comentarista el estado de sometimiento extremo del ser humano bajo regímenes totalitarios- a ser lo que es en forma definitiva, olvidándose incluso de hacer desaparecer sus restos, tarea de la que los exime la criada.-

Cronología de Franz Kafka:
1883 nace el 3 de julio en Praga
1889 Inicia sus estudios en una escuela de la calle del Mercado de la carne
1893 Estudios en el Instituto Real e Imperial del Altstädter Ring
1901 Estudia Derecho
1902 Conoce a Max Brond
1907 Trabaja en una compañía de seguros
1910 Comienza su Diario
1911 Participa en el Club Mládych de ideas socialistas, viaja a Munich, Milán y París
1912 Inicia su relación con Felice Bauer; inicia América
1913 Visita a Felice en Berlín
1914 Se compromete con Felice rompe en julio – Inicia El proceso
1915 Recibe el premio Fontane – En la colonia penitenciaria
1916 Escribe La metamorfosis
1917 Le diagnostican tuberculosis
1918 Un médico rural
1920 Temporada de cura en Merano. Relaciones con Milena Jesenská
1922 Inicia El Castillo
1924 Muere el 3 de junio en el Sanatorio de Kierling, cerca de Viena. Quedan inéditos: El Castillo, El proceso, La construcción de la muralla china, La condena, América, Cartas a Milena, Cartas a Felice, Cartas a mi padre y otros escritos.

width="70"Autor: Juan García Ro
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